Son los masajes manuales que el hombre joven o mayor -sin dejar de ser decente y varonil a modo de aclaración por sí persiste algún prejuicio en nuestra mentalidad tradicional- a utilizado desde los tiempos más remotos –como el tantrayoga y otros por ejemplo- para su deleite y salud, que hoy pongo a disposición de él que quiera sentirse relajado física y psicológicamente, con un trato amable de técnicas manuales suaves y fuertes denominadas: percusión, amasado, alisado, fricción o caricia y otras; cuyos resultados han sido excelentes, dependiendo del gusto y el amor que ponga de sí quien se dedica a ello, comprendiendo de antemano lo que ha significado ser del sexo viril; prolongándose esta sabiduría y dedicación a lo largo de las edades, por haber sido catalogada esta experiencia como casi sin igual, al mover el metabolismo en cada músculo y cada órgano del cuerpo y por relajar el sistema nervioso; comenzando por el rostro con una crema apropiada; seguidamente la cabeza y el cuello, el pecho, los brazos, las manos, el vientre, los miembros inferiores y pies; luego se continúa por la espalda cuan espaciosa suele ser, los hombros, las extremidades de nuevo al igual que el cuello, glúteos, muslos y piernas, haciéndose énfasis en las partes que lo ameriten.
El atendido-consentido, debe encontrarse en un lugar donde se sienta seguro, para que se entregue totalmente a recibir la energía de las manos. Por tan poderosa razón el ejecuitante debe ser de bella energía, haberse cultivado desde niño física y espiritualmente -en el sentido más lato- y por ende esta preparación le agrega cualidades como buenos atributos físicos. En mi caso, ya por los cuarenta, tengo el vigor de los veinte, si no es mucho decir, aunque a veces tengo reveses o altibajos en todo mi ser. Pero ante todo, soy considerado, educado, culto y respetuoso, amante de la vida y de las buenas maneras y me entrego con todo el gusto a cuanto hago. Así pues, que, quien quiera vivir una experiencia de esta calidad, debe considerarse y sopesar lo que sigue: Debe usted reunir más o menos los mismos atributos espirituales y comprender porqué se cobra $50.000 colombianos -aunque se hacen excepciones meritorias dado que se procura no ser egotista- sin importar el tiempo que deba dedicársele con las atenciones que son el resultado de cuanto dije en el comienzo; de una esmerada educación en los sentidos estéticos de la vida y ojalá disciplinas físicas milenarias como el yoga que incluyen las alimentarias. En caso contrario, se pide el favor -de muy buena manera-, de no importunar, porque créase o no, como dice el adagio: La vida es como un bumerang que siempre regresa a quien lo lanza. Esperando escuchar su voz para acordar el lugar de encuentro, me despido con algo así como un brindis a su salud. Amablemente,
Javier Lozano
3008631995
Bogotá D.C.
Colombia
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